Las costas de Sisal, en el noroeste de Yucatán, han servido para actividades pesqueras desde épocas prehispánicas. Sisal fue el principal puerto del estado desde el siglo XVI hasta finales del siglo XIX. De hecho, por ahí se exportaba casi todo el henequén –conocido como “el oro verde”– que se producía en el estado a inicios del siglo XIX. Sin embargo, pese a su importancia histórica, no aparece en ninguna guía turística o itinerario de turismo, lo que prácticamente lo convierte en uno de los secretos mejor guardados de la zona.
Ubicado a sólo 46 kilómetros de la capital yucateca, Sisal es la puerta de entrada a la reserva ecológica El Palmar –colindante con Celestún–, un punto de llegada para aves migratorias como el pato canadiense. Esto explica el peculiar nombre de un encantador hotel boutique ubicado en este recóndito lugar de la península yucateca. Durante más de 40 años, Club de Patos fue un albergue para los cazadores de patos que cada invierno acudían a la ciénaga cercana a la playa. Hace unos años, el arquitecto Javier Pérez-Gil lo remodeló y lo transformó en un exclusivo hotel boutique y club de playa, que brinda cómodas instalaciones de lujo y un servicio personalizado. Sus nueve suites, todas con terraza con vista al mar, están rodeadas de una atmósfera apacible, cálida e íntima. Es como estar en una gran casa de huéspedes; de hecho, es ideal para que un grupo o familia rente todo el hotel.
Su arquitectura hace honor a las tradicionales celosías yucatecas; también tiene algo de sesentera y monacal. Los materiales utilizados son piedra, madera y aplanados típicos de la zona, y los pocos objetos que decoran el hotel son artesanías. Es, sin duda, un lugar minimalista, austero y elegante de espacios amplios, lugares que favorecen la ventilación cruzada, particularmente en las habitaciones. Entre los principales espacios comunes se cuentan un salón de lectura con chimenea, un bar bien surtido y una buena cava, una sala de televisión, una mesa de billar y una mesa de juegos. Hay Wi-Fi en todo el hotel.
La exquisita oferta gastronómica de Club de Patos puede probarse en el restaurante que se encuentra en el interior, donde se conjuga la cocina yucateca y la mediterránea. Y aquí hay dos opciones: cubículos semicerrados con vista al mar o compartir con otros huéspedes la gran mesa comunal. El restaurante exterior, a un costado de la alberca, es más bien para bebidas y bocadillos ligeros bajo la palapa. Y a propósito de exterior, hay que mencionar que los jardines están poblados con especies de plantas típicas de la duna costera y enormes arbustos de mangle de la ciénaga colindante; un paisaje disfrutable desde una hamaca y cobijado por la fresca y constante brisa marina.
Atractivos
El hotel puede organizar excursiones a cenotes, zonas arqueológicas y visitas a cualquiera de las numerosas haciendas de la zona. Por su parte, la reserva El Palmar tiene miradores que permiten una estupenda vista panorámica de la ciénaga y de su avifauna, integrada por flamencos, pelícanos, fragatas, garzas, cardenales, gaviotas y patos, entre otras aves, que cada año llegan buscando el cobijo de las cálidas aguas del Golfo de México. También es posible hacer recorridos en pangas.
En el mismo tenor de las actividades ecoturísticas, es bueno saber que de mayo a agosto llegan las tortugas carey. En Sisal hay un campamento tortuguero donde cualquiera puede incorporarse como voluntario. Otra opción divertida es ir al mar para snorkelear o pescar; el hotel cuenta con kayaks para los huéspedes, así como con bicicletas para dar largos paseos por los caminitos de la costa o para ir a visitar el pueblo. Vale la pena dejarse sorprender por los encantos de esta tranquila localidad pesquera.
No hay discotecas, centros comerciales, parques temáticos, vendedores ambulantes en la playa, paracaídas y bananas en el mar… Ideal para pasar unas tradicionales vacaciones de playa, donde las actividades predominantes consistan en dormir, leer, nadar, comer y dar largos paseos por la playa, una playa normalmente desierta. Se trata, en verdad, de un lugar para relajarse por completo. / BMC
Carlota y Sisal
El muelle de Sisal, remozado recientemente debido al mal estado provocado por el paso de huracanes y el propio uso, es el mismo que en 1865 atestiguó la llegada de la emperatriz Carlota de Habsburgo en un viaje que realizó desde Veracruz para continuar por la península. Una calzada de diez metros de ancho flanqueada por columnas dóricas blancas que se adentran en el mar.











