Las obras del artista visual Alejandro Gómez de Tuddo son composiciones enigmáticas y subversivas, atemporales y arriesgadas. Tan espontáneo como estéticamente perfecto, perturbador en su belleza no convencional, su trabajo artístico se origina a partir de formas poéticas que se manifiestan por conducto de su mirada singular: visión que tiene el don de asombrar, desde un sitio muy profundo y privado, casi hermético, y contagiar al espectador de confusa empatía.
Roland Barthes, importante pensador del siglo XX, postulaba que la fotografía lleva siempre su referente consigo, marcada por una inmovilidad amorosa fúnebre: “Y el hombre mismo, desgarrado desde el nacer, se reconcilia consigo mismo cuando se hace imagen, cuando se hace otro. La fotografía es metamorfosis, cambio, operación alquímica, y por eso colinda con la magia, la religión y otras tentativas para transformar al hombre y hacer de ‘este’ y de ‘aquel’ ese ‘otro’ que es él mismo…” Alejandro realiza una operación transfiguradora a través de su imaginario, que funciona como filtro metafórico de la realidad.
Su trabajo se manifiesta en diversos soportes como la instalación, el video y la fotografía; ha sido expuesto en museos, galerías e instituciones culturales de diversas ciudades del mundo y forma parte de importantes colecciones públicas y privadas.
Alejandro, al realizar obras con una carga existencial tan evidente como la de la serie DSM (Departamento de Salud Mental), ¿tienes la intención de reproducir la realidad o el sentimiento que te produce la experiencia?
¿Qué sentido tendría reproducir una realidad sin imprimirle un punto de vista? ¿Dónde quedaría el autor? Sería suficiente que un ciego disparara un aparato fotográfico hacia distintas direcciones y aun así, “la realidad” no sería la misma, pues el ciego y el acto de fotografiar habrían creado una realidad distinta al espacio fotografiado.
DSM es un trabajo que incluye varias obras: una instalación con resonancias magnéticas y radiografías de instrumentos quirúrgicos, empleados en intervenciones a pacientes con problemas de salud mental y fotografías de algunos espacios y objetos encontrados en los manicomios que fueron clausurados en los años 80, con la entrada en vigor de la Ley Basaglia en Italia. El horror de la realidad de los internos es irreproducible, como tantas otras cosas de la vida; por lo tanto, en el caso de las fotografías, me limité a abrir las puertas y ventanas que habían permanecido cerradas por más de 25 años y documentar aquello que surgía a la luz.
¿Hay alguna diferencia entre la escena que decides fotografiar y la fotografía misma?
Para mí, la composición es fundamental. El marco del visor de la cámara es equivalente al lienzo de un pintor: está acotado, tiene su propio formato y termina en sus bordes. Es precisamente dentro de estas fronteras donde se debe componer la escena: aquello que ha de suceder no puede ir más allá de estos límites. Entonces, mi ojo izquierdo recorre velozmente ángulos y periferias para encuadrar, y mi cuerpo se mueve de múltiples maneras. Así, ojo y cuerpo, trabajando como una máquina de alta precisión, se complementan para componer. ¡A veces hay sorpresas! Porque no hay ojo ni mente tan ágiles que sean capaces de capturar, de manera inmediata, la complejidad de los fenómenos que se producen en determinada escena. En esto radica también el arte de la fotografía, en dejar que las cosas sucedan y que se introduzcan en el instante mismo del disparo. Un gesto, la variación en la intensidad de una mirada, el pájaro que pasa frente a la lente, todo crea una pulsión que el fotógrafo recibe y captura intuitivamente en el instante decisivo. El resultado, afortunadamente, saca del engaño al autor que pretendía haber compuesto algo.
Tienes estudios en leyes, ¿en qué momento das el giro a la labor artística?
Nunca estudié bellas artes ni fotografía de manera académica. Mi incursión en las artes es fortuita, pues al encontrarme en París realizando mi maestría, decidí que tenía que hallar un modo de contarle al mundo mi propia historia; así comencé a repintar cicloramas en la periferia parisina y a cargar lámparas gigantescas para las tomas de fotógrafos profesionales, como excusa para observar el modo en que trabajaban. Después tomé algunos cursos técnicos en la Escuela Nacional de Fotografía de Arles y en el International Center of Photography (ICP) de Nueva York. Una vez adquiridos los conocimientos técnicos, comencé a recorrer las calles para realizar mis primeros proyectos. De hecho, cuando me preguntan cuál es la mejor escuela de fotografía, siempre respondo que es precisamente la calle y no hay mejor método que disparar y observar.
Siempre tuve un gran interés en relatar historias desde una perspectiva visual. En un principio, estas historias tenían que ver con una realidad política, social y cultural del mundo, pues mis primeros maestros fueron fotógrafos de guerra. Progresivamente, de manera incidental, mi trabajo fotográfico fue introduciéndose en el ámbito propio de la estética contemporánea. Curiosamente también inicié estudios de medicina, por lo que algunas de mis obras tienen un referente a la anatomía, a la medicina forense y a otras ciencias relacionadas con la salud y el ser humano en cuanto ente biológico.
Las imágenes que te han impactado, ¿te abandonan alguna vez o te acompañan siempre?
Las imágenes fundamentales se transforman en imágenes de culto y no te abandonan nunca, se convierten en la base sobre la que se sostienen los demás trabajos, y su huella se queda para siempre. Podría decirse que en ocasiones, las obras ulteriores son una versión distinta de la imagen primigenia.
¿Tienes la sensación de que al fotografiar “atrapas” la realidad, la preservas, la vuelves inmortal?
La fotografía plasma una realidad que va más allá de lo aparente. A menudo, el espectador relaciona la fotografía con “lo existente”; es decir, la asocia con una experiencia directa con lo tangible, lo conocido y con algo distinto a un mero producto de la imaginación. Lo que no sabe, es que es precisamente la imaginación la que le imprime un tono distintivo. Es el autor que está detrás de la imagen el que se deja ver en esa aparente realidad conocida; de este modo, el espectador recrea su propia historia y tiende un puente entre la imaginación del autor y su inconsciente. Así, la realidad se vuelve tan extensa como la red de asociaciones de cada individuo.
¿Qué satisfaces a la hora de realizar una obra?
La realización de una obra responde en principio a una pulsión más que a una búsqueda intelectual. Sin embargo, una vez iniciado el proceso creativo, invariablemente realizo una investigación profunda sobre el tema. En el momento que me entrego al trabajo se empiezan a manifestar los elementos que van confirmando que voy por el camino correcto. Encuentro respuestas claras a mis sospechas, mismas que me van conduciendo hacia un lugar desconocido y anhelado, siempre más lejos, hasta llegar a la reflexión y el reposo.
Alejandro, la fotografía que expusiste en la Feria de Arte Contemporáneo (Zona MACO 2012) provocó una gran polémica, ¿era esa tu intención?
Mi trabajo, afortunadamente, mueve ciertas fibras sensibles, lo cual es sumamente satisfactorio pues como lo dijo en una entrevista Francis Bacon, la obra de arte se caracteriza por crear una corriente eléctrica que recorre la columna vertebral y después de la experiencia te conviertes en un ser distinto. No tengo ningún pudor de tipo estético, formal, ni moral ante ciertos temas, que van tratados con respeto pero sin tapujos. No elijo los temas y su tratamiento con el propósito de provocar, simplemente expongo lo que algunos no quieren ver, creando, en algunas obras, una reacción de atracción-repulsión ante la propia naturaleza humana. La interpretación que se le dé a la obra es responsabilidad de quien la ve.
La obra que presenté en Zona MACO está inspirada en las fotografías de Helmut Newton, Big Nudes, donde exhibe a la mujer hermosa de su época, desnuda y con zapatos, de la misma manera en que mi Big Nude representa a la mujer de mi época, obsesionada con mantenerse joven, valiéndose de cualquier medio, aunque éste atente contra su propio cuerpo. ¡Quien tiene ojos, que vea!
¿Dónde termina el viajero y comienza el
fotógrafo?
Nunca termina uno ni comienza el otro, son uno mismo, están siempre juntos. Sigo una tradición que se remonta al siglo XIX: soy un fotógrafo viajero y un viajero fotógrafo.
Decía Paul Strand que entre los ojos del fotógrafo y el objeto fotografiado se interponen la educación, los condicionamientos sociales, etcétera. ¿Qué hay entre la mirada de Alejandro Gómez de Tuddo y su obra?
Considero que la cultura es inseparable del trabajo de un artista. Por ejemplo, en la serie que llamé Perro nahual utilicé a este animal como alter ego humano, y fue curioso constatar la reacción que causó en distintos públicos. Por ejemplo, para los berlineses era un asunto poco relevante, mientras que para los romanos fue motivo de escándalo, al grado de clausurar la exposición.
Hace unos años hice un trabajo en la Universidad de Roma que proponía una reflexión sobre la mirada: ¿Vemos lo que nos enseñaron a ver?, ¿lo que queremos ver?, ¿lo que podemos ver?, o ¿simplemente creemos que vemos? Mirar implica un proceso más profundo que ver. Para que la acción de ver se transforme en mirar, ha de pasar por varios niveles de conciencia y de asociación inconsciente, que van desde la educación, el contexto sociocultural y el marco sicológico, hasta la elaboración del juicio. Debemos situar la mirada dentro de su propio ámbito, ya que con el tiempo varía y se va transformando. El gran reto del fotógrafo es mantener una mirada limpia y una visión ingenua; ser un poco “ciego” para favorecer otros sentidos a través de esa mirada e infundir vida a la imagen. De lo contrario, el resultado será una mera reproducción.
¿Te consideras un coleccionista de imágenes?
No me interesa coleccionar imágenes sino crearlas, representar mis obsesiones. Me interesa la capacidad de visión, siempre expansiva.
Susan Sontag comparaba la necesidad de “hacer fotografías” con el consumismo de nuestra época: “acapararlo todo, capturarlo, aprisionarlo, hacerlo nuestro… en última instancia, algo que no te satisface jamás”.
Así es, de hecho somos el producto de un sistema capitalista; una de las desgracias de la fotografía y del abuso de la imagen es la contaminación visual. Existe también una tendencia morbosa de verlo todo a través de la cámara, un fenómeno que se presenta en la mayoría de los turistas, cuyo afán de coleccionismo y de apropiación los impulsa a ver todo a través del filtro de la lente, quedándose así con una realidad inobservada y privándose de vivir una experiencia que va mucho más allá de crear una prueba de “haber estado ahí”.
Me he encontrado en circunstancias en donde la experiencia es tan rica y el momento tan privilegiado, que he preferido guardar mi cámara. Algún día me gustaría publicar un libro que se llame “El libro blanco”, con las descripciones de las fotografías que nunca tomé.
¿Eres un juez imparcial o meramente un testigo que nombra los crímenes y virtudes de su tiempo?
Soy un instrumento que no puede abstenerse de su subjetividad. Sin embargo, mi trabajo pone en evidencia, con una voz propia, aspectos del ser humano y sus circunstancias. En ningún caso pretendo tomar una determinada postura moral o emitir un juicio categórico, soy simplemente un testigo con cierta carga sentimental.
¿Qué sigue en tu trabajo, Alejandro?
Considero que mi trabajo es uno solo, conformado por diversos proyectos que se van realizando con un acento distintivo. Quién analice mi trayectoria con atención, encontrará los mismos intereses y obsesiones, tratados bajo diversos puntos de vista y medios de expresión. Una obra da entrada a la siguiente, son como eslabones de una misma cadena.
En lo que se refiere a mi trabajo como fotógrafo, acabo de iniciar la serie Vanity-Insanity, retratos de gran formato de quienes se han sometido a cirugías estéticas por motivos de rejuvenecimiento. Asimismo, sigo desarrollando el proyecto Transpaisajes, compuesto por una serie de fotografías panorámicas, donde la presencia de transexuales y travestis constituye un elemento fundamental del paisaje mismo.
Dentro del campo editorial, a través de mi casa editora Uroboros-Basilisco, estoy por publicar un libro de fotografías titulado India 50/50, que contendrá 50 imágenes tomadas en un recorrido de 50 días por la India. Otro proyecto editorial y fotográfico versa sobre las cartas que el conocido guionista Jean Claude Carrière escribió a sus hijas, desde aquellas ciudades significativas para él. También estoy haciendo un libro de artista con una serie de fotograbados realizados a partir del simbolismo de los 22 arcanos mayores del tarot.
En cuanto a mi obra de video, actualmente me encuentro en la etapa de postproducción de un cortometraje sobre el escritor Mario Bellatin, que presenta al autor a través de sus obras, y las obras a través de sus personajes. En agosto participaré en la dirección artística de un documental sobre el trabajo de Maude Robart, quien colaboró durante muchos años con Jerzi Grotowski.
Estoy preparando mi incursión en las artes escénicas, ya que he sido invitado a realizar la escenografía y artes visuales de una obra de teatro en colaboración con el Research Art Project de Jerusalén.
gomezdetuddo.com
Presencia artística en:
Festival Internazionale di Fotografia de Roma, el Berliner Festspiele, el Mes Europeo de la Fotografía en Niza, el Romaeuropa Festival, el Premio Suzzara y la Biennale Adriatica di Arti Nuove, entre otros, y en ferias de arte contemporáneo como la Zona MACO en la Ciudad de México y ARCO en Madrid.









