La citrina, con tonalidades que van del dorado al anaranjado, es un cuarzo de cualidades excepcionales. Tiene una dureza de 7 en la escala de Mohs, que va del 1 a 10 y en la que el diamante es el mineral de mayor dureza (10). Debido a esta característica, es muy difícil que la citrina se dañe con un rayón; por el contrario, es capaz de rayar otros materiales. Es también poco probable que se rompa con un golpe, ya que rara vez presenta grietas o fisuras que la hagan vulnerable a los impactos.
En el mundo de las gemas, no hay muchas que se vistan de amarillo. Un diamante o un zafiro pueden ser amarillos, pero su rareza se ve reflejada en el alto precio que se debe que pagar por ellos. A veces una turmalina o un crisoberilo también pueden ser amarillos, pero la citrina es la que mejor recoge el espectro de tonalidades doradas.
El índice de refracción de la citrina es relativamente bajo y por ello sus propiedades ópticas son de brillo “ligero”. Quizá por eso su amarillo se muestra en un tono apacible, entre añejo y maduro, que parece haber capturado los últimos destellos luminosos de las tardes del otoño.
En la Colección Érable de Peyrelongue Chronos, las citrinas son las protagonistas. El juego de dije y aretes con citrinas engarzadas en oro amarillo de 18 quilates y con diamantes blancos alrededor, es perfecto para toda ocasión. El anillo consta de una citrina ovalada engarzada en oro rosa de 18 quilates, con diamantes negros y blancos, dando el contraste otoñal.











